Monday, October 12, 2009

Dios y la mentira

Dios y la mentira
Si hay un pecado en el cual es muy fácil caer, es el pecado de la mentira. Es tan fácil salir de un problema, por ejemplo, con tan sólo mentir, que muchos entre nosotros se han vuelto expertos en el "arte" de no decir la verdad. Algunas veces decimos medias-mentiras; en ocasiones puede que digamos mentiras grandes, pero el hecho es que este "pequeño" pecado es demasiado común en las vidas de demasiados creyentes alrededor del mundo. Hace tiempo escuché lo siguiente: "Si alguien te llama por teléfono, y tú no quieres hablar con él (ella), sólo vete a otro cuarto de la casa y pídele a la persona que agarró el teléfono que diga: "El no está", de esta forma no estarás mintiendo, ya que de verdad no estás en ese cuarto." ¡Dios tenga misericordia de nosotros! Porque Aquel que conoce los corazones no puede ser engañado ni burlado.

Nuestra tendencia humana es el pensar que mentir es un pecado "pequeño", con el cual, Dios no tiene mayor problema. Sin embargo, la Biblia dice todo lo contrario. De hecho, la realidad es que El odia profundamente toda clase de mentira. Démosle una mirada a la Palabra:

En Juan 8:44 Jesús enseñó que el diablo es el padre de la mentira. El dijo que cuando Satanás "...miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso. ¡Es el padre de la mentira!" (NVI) Piensa en esto por un momento. Cuando nosotros, hijos de Dios, mentimos, ¡estamos hablando nada menos que el lenguaje del diablo! No es de extrañar que el Señor nos diga "... despojaos del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos ... desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros". (Efes. 4:22,25, RVR 1995)

Enfatizando aun más la seriedad de este pecado, la Biblia enseña que "Seis cosas hay que odia el SEÑOR, y siete son abominación para El..." En esta lista la segunda cosa es: la lengua que miente; y la sexta es: un testigo falso que dice mentiras. (Prov. 6:16-19, LBLA) De manera que la mentira es incluida dos veces en la lista, lo cual, nos da una idea de cuanto Dios realmente la aborrece.

¿Qué, entonces, debemos hacer una vez que entendemos cuán serio y cuán detestable es este pecado, ante Dios ? Yo sugiero que tenemos que odiarlo tanto como El lo odia; no dando ningún lugar a la mentira ni al engaño en nuestras vidas, sino por el contrario, siendo gente honesta, tanto en las cosas pequeñas como en las cosas grandes.

Por ejemplo:

- Nunca le digas a alguien: "Voy a orar por esta situación", a menos que de verdad pienses hacerlo. (Col. 3:9) - No digas: "Allí estaré", y después no vallas. "Si van a hacer algo digan que sí, y si no lo van a hacer digan que no. Todo lo que digan de más viene del diablo." (Mat. 5:37, Biblia en Lenguaje Sencillo) - No pretendas ser algo que no eres. (Prov. 12:9) - No le digas a alguien: "Te amo", si después vas a hablar mal de dicha persona ¡porque el amor no murmura! (Prov. 10:18) -No adules a nadie. (Prov. 26:8) Es una cosa ofrecer una alabanza sincera, y otra completamente diferente, alagar a alguien con la intención de sacarle algo.

Querido amigo (a), siempre hablemos la verdad pase lo que pase. Qué el mundo nos conozca por ser gente que no compromete su integridad mintiendo para salir de un problema o para quedar bien. Claro que ser honestos nos puede llegar a costar tiempo, amigos, quizás prestigio o inclusive dinero; pero nuestro Dios es digno.

Si El lo dio todo por nosotros en la cruz para "... purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras", (Tito 2:14b, RVR 1995) ¿cómo, entonces, podemos nosotros practicar un pecado tan detestable en sus ojos? Porque "Los labios mentirosos son abominables para Jehová, pero le complacen quienes actúan con verdad." (Prov 12:22, RVR 1995) Así que en esta ocasión la pregunta para nosotros es la siguiente: Si en nuestras vidas hay algún vestigio de mentira, ¿estamos dispuestos a erradicarlo por completo para agradar al Señor? ¿Es El verdaderamente digno de esto? ¡Tú y yo sabemos que lo es! ¡Amén!

En el amor del Señor,

Miguel A. Cañete
Tomado de: Vientos de Avivamiento.

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